| "Los consumidores se marearon por la cantidad de bodegas y etiquetas que inundaron el mercado" |
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Not yet translated A diez años de la primera añada, el presente para Don Cristóbal 1492 se muestra promisorio. La joven bodega mendocina, que cuenta con 125 hectáreas de viñedos propios, distribuidos en JunÃn, Rivadavia y Luján de Cuyo, cerró el 2009 de la mejor manera. Fuente: IProfesional Obtuvo dos medallas en el marco de la Cathay Pacific Hong Kong International Wine & Spirit Competition y logró concluir con un alza de las exportaciones del orden del 15 por ciento, un dato destacable si se considera que destina el 90% de su producción a los mercados externos. En este contexto, Vinos & Bodegas dialogó con Cristóbal Lapania, director ejecutivo de la compañÃa, quien analizó la situación actual y las proyecciones del negocio. -¿Cómo está impactando la inflación en el sector vitivinÃcola? -La situación es muy complicada. Una de las salidas que tiene el paÃs es fomentar la inversión y, dado el contexto polÃtico económico, las inversiones no llegan. Esto lo padece la industria en general y también alcanza a nuestro sector. Vemos que hay proyectos de ampliación o modernización, pero todo lo que es surgimiento de bodegas nuevas, está completamente frenado. -Como bodega, ¿de qué manera les afecta la suba de costos? -Es un problema grave. Hay incrementos que, dado nuestro caso en particular, que somos principalmente exportadores, no podemos trasladar Ãntegramente a precios . El tipo de cambio por el momento está quieto y esto nos obliga a ser más productivos. El mayor escollo es que no podemos subir el precio de los vinos en el exterior. El consumidor de EE.UU. y de Europa, si compra nuestro producto es por una relación de precio y calidad , la cual no podemos abandonar. Además, estamos compitiendo contra vinos que mantienen su valor y que tienen más años en un mercado externo, como es el caso de los chilenos. Todo esto atenta contra el plan de negocios de las bodegas argentinas. -¿Dónde están sufriendo las mayores subas? -La mano de obra está subiendo considerablemente. Lo mismo sucede con los insumos, que durante buena parte de 2009 estuvieron estables, pero hacia fin de año y principios de 2010 tuvieron un fuerte incremento. Después está el caso de los servicios, como la energÃa eléctrica, que se encareció muchÃsimo. En este contexto también influyen algunos costos que los tenemos en euros, como las barricas. Son todas variables que no se pueden manejar. Esto nos obliga a ajustar la rentabilidad , ser más productivos y vender más. En definitiva, las bodegas pequeñas o más chicas estamos obligadas a ser más eficientes. -Esto termina generando un mercado donde sobreviven los más fuertes. De hecho en el mercado local se está viendo desde hace unos años un proceso de depuración... -Exacto. Hay 15 bodegas que dominan el mercado y después hay un pelotón que va buscando una porción, pero se les dificulta. Cuando comenzamos nosotros, en el año 2000, hubo un boom que terminó por saturar el negocio. El consumidor quedó mareado por la cantidad de bodegas y etiquetas que inundaron el mercado . Asà fue como, de a poco, se fue depurando y todos se fueron achicando. Los supermercados que tenÃan algo de stock empezaron a eliminar marcas, hubo vinotecas que desaparecieron, la gente comenzó a tomar menos vinos en restaurantes... Las cosas se complicaron para muchas bodegas que no tienen una buena cintura. -Y esto va llevando a un proceso de concentración... -SÃ, el mercado se está concentrando. Y esto está muy vinculado con los problemas de inflación que mencionamos. Para las bodegas más chicas es un mix explosivo , sobre todo para las boutique que salieron al mercado con buenos vinos pero muy caros y nunca encontraron su lugar en el mundo. -Más allá del problema inflacionario, ¿las bodegas chicas pueden marcar diferencia en el exterior? -Totalmente. El mercado externo tiene una ventaja: el consumidor de afuera va a comprar un vino argentino y después va a medirlo en función del precio y la calidad. No vemos una influencia tan determinante de la marca, por lo menos hasta ahora. El vino argentino es un boom en Estados Unidos y en el resto del mundo, es un fenómeno que recién se está conociendo. Bodegas como la nuestra, de menor tamaño, nos beneficiamos porque podemos competir a la par de las grandes compañÃas. -¿Prevén seguir creciendo fuerte en el plano internacional? -Cuando explotó la crisis internacional, yo era de los que decÃa que podÃan pasar dos cosas: o se frenaban las exportaciones, o el consumidor iba a ajustar el presupuesto pero seguirÃa tomando vino. Esto último fue lo que sucedió y ahà es donde entró con fuerza la opción argentina, que tiene una relación precio calidad muy competitiva. Es en este contexto donde prevemos que las exportaciones de Don Cristóbal van a continuar en ascenso. -¿Cuánto aspiran a crecer en 2010? -Esperamos concluir el año con una tasa de crecimiento del 15 por ciento. Para lograr esto no nos quedamos sentados esperando que caigan los pedidos, salimos a buscar las ventas y nos mostramos sumamente activos. En el mundo, somos muchos los que estamos vendiendo vinos y hay que ir con propuestas novedosas. Si no, se corre el riesgo de quedar fuera del mapa.
Fuente: Juan Diego Wasilevsky - IProfesional
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