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Turismo del vino
Para un visitante, el enoturismo es una
amplia gama de experiencias construidas alrededor de la visita a una
bodega y/o región vitivinicola. Decimos “experiencia” porque comprende
-además de la posibilidad de disfrutar de los vinos-, conocer la
gastronomía local, la cultura y el entorno, a través de diversas
actividades en contacto con la naturaleza.
Esta idea no es originaria de Argentina, sino que es parte de la oferta
turística de otros países productores de vino como Francia, Italia,
Estados Unidos, Australia.
Aires de cambio
 En Mendoza, principal polo vitivinicola de Argentina, el desarrollo de
este tipo de turismo comenzó a evidenciarse hace unos ocho años. Por
entonces, las bodegas no sólo incorporaron tecnología a sus procesos
sino que, además, comenzaron a preocuparse en cómo captar la atención
de compradores, periodistas especializados y turistas en general. Fue
así que se interesaron especialmente en la imagen de sus fachadas y
espacios interiores, para volverlos más atractivos turísticamente.
El Fondo Vitivinícola
Mendoza -entidad encargada de la promoción integral de la actividad
vitivinicola-, realizó un profundo estudio de relevamiento del sector
para llegar a un diagnóstico que revele la actual situación del
producto “turismo del vino”. Se identificaron unas 100 bodegas que
manifestaron estar abiertas a la recepción de visitantes. Con esta
información de base se están generando proyectos que tiendan a
desarrollar de una manera más integral y estratégica este sector.
 Más de un municipio se encuentra también desarrollando el turismo del
vino en sus zonas. Mantienen una comunicación fluida con las bodegas y
promocionan sus productos desde un marco institucional.
Si bien el turismo del vino aún no tiene un marco regulatorio, lo
cierto es que desde diversos ámbitos -públicos y privados- existe la
voluntad de encarar políticas para su óptimo crecimiento. Más aún
siendo Mendoza una de las ocho Grandes Capitales del Vino del mundo.
Más que una visita
 Hoy la oferta para el turista que llega a Mendoza es muy variada. El
turismo del vino ya no se limita a visitar una bodega y degustar sus
productos. Las empresas han diversificado sus propuestas, ofreciendo
además la posibilidad de almorzar u hospedarse en un entorno de
viñedos; participar de la cosecha, la poda
y de la elaboración de su propio vino; asistir a cursos de degustación
de nivel avanzado; relajarse en un spa del vino y gozar de toda una
cosmética vitivinicola; y hasta celebrar su boda o su fiesta de
cumpleaños.
Pero el crecimiento del turismo no sólo ha sido aprovechado por el
rubro “bodegas”. También han proliferado diversos y originales
emprendimientos encuadrados dentro de lo que se conoce como “turismo
rural”: molinos productores de aceite de oliva, gastronomía típica,
hospedajes rurales, festivales tradicionales, paseos de artesanos,
entre otras alternativas. En la ciudad de Mendoza ya no quedan bodegas
elaboradoras para visitar, por lo que la experiencia del turismo del
vino toma rasgos de urbanidad. Sin embargo existe una antigua bodega,
que es el único testimonio arquitectónico que subsiste de los tiempos
de la Escuela de Vitivinicultura y la Quinta Agronómica. Se trata de La
Enoteca, hoy convertida en el primer Centro Temático del Vino de
América utf8a, un espacio que conjuga historia, patrimonio, una postal
del paisaje vitivinicola y la posibilidad de degustar el más
emblemático producto de nuestra tierra. Además, la actividad turística
enológica encuentra un lugar en las vinotecas, museos, wine bars y
restaurantes. Lugares del micro centro mendocino donde se completa la
jornada; algunas veces apreciando obras del arte local; otras
reencontrándose con la historia y la identidad; y finalmente, sintiendo
el profundo placer de un vino -o más- en un brindis compartido.
Fuente: fondovitivinicola.com.ar
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