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La masa de visitantes creció 135,65%. Además de buenos varietales buscan
experimentar otras sensaciones Política de estado Gracias a un plan
estratégico, en breve se lanzará un sitio web y una campaña de difusión
masiva y nacional.
Fuente: Diario UNO
El enoturismo nacional está creciendo a pasos agigantados y nuestra provincia está a la cabeza de ese rubro de actividades. La magnitud del incremento se aprecia al comparar los datos de los últimos seis años: entre 2004 y 2010 la afluencia de enoturistas a Mendoza trepó un 135,65%.
De 358.206 personas que recorrieron las zonas vitivinícolas en 2004, este año ya son 844.145 las que las han visitado, según la Dirección de Promoción Turística de la Provincia. De hecho, en 2009, pese a la crisis generada por la gripe A, el número de visitantes también subió respecto de 2008.
Además, en el mismo lapso, la cantidad de bodegas que abrieron sus puertas al turismo casi se triplicó: de 39 a 115 establecimientos, sobre un total de 170 bodegas que desarrollan esta actividad a nivel nacional. De las 115 bodegas, ya hay 20 que poseen su propio restorán y siete que ofrecen alojamiento.
Del total de visitantes que recorren los Caminos del Vino, el 72,6% recala en Mendoza y el 10,3% en Salta. “Mendoza es vino, es su producto emblema. La vendimia y los Caminos del Vino son una marca registrada que sigue posicionándose gracias a los planes de marketing”, subraya Belén Gaua, directora de Promoción Turística, acerca de la supremacía local sobre otras regiones.
El afianzamiento de varias marcas de vino en el exterior y el incremento de las exportaciones vitivinícolas que hacen que muchos turistas deseen conocer cómo y dónde se elabora esta bebida, el marketing que las bodegas han desarrollado en los últimos años, más el trabajo y difusión de Bodegas de Argentina junto con el Estado, que incluye un plan de consolidación del enoturismo argentino, explican el éxito de esta oferta turística.
De hecho, el fenómeno no es sólo mendocino. De acuerdo con un informe sobre turismo vitivinícola de Argentina realizado por Bodegas de Argentina en 2008 y que relevó 139 establecimientos de ocho provincias, entre 2004 y 2008, el enoturismo creció 142%. Sólo durante ese año, 1.200.000 turistas recorrieron los Caminos del Vino.
El estudio también reveló que el turismo del vino representa un 36,25% del total de turistas que llegan a Mendoza, lo que la ubica en segundo lugar después de San Juan, que si bien recibe muchos menos visitantes anualmente, el 37,76% lo hace interesado por los atractivos del vino.
Aunque en 2004 casi el 73% de los visitantes era nacional (Buenos Aires, Córdoba, Santa Fe y La Pampa) y el resto extranjero, la relación viene modificándose. Los últimos relevamientos indican que el 43,5% de los turistas son extranjeros, mayormente de Brasil, Estados Unidos, Chile, Canadá e Inglaterra.
Las agencias diferencian entre dos franjas de enoturistas. Una, representada más bien por parejas mayores de 50 años con alto poder adquisitivo; y otra franja de turismo más joven que viene en un plan de aventura. El denominador común es que todos buscan realizar tours y actividades personalizadas y tienen un promedio de estadía de 3 días.
Según describe Verónica Mausbach propietaria de la agencia Vintura, el primer grupo abarca a “personas que no tienen problemas económicos, que ya han viajado mucho, que han recorrido el mundo y que incluso ya conocen Argentina y que quieren realizar una experiencia donde se sientan diferentes”. Una excursión para este target de enoturista va de los 130 a 200 dólares más IVA, dependiendo de la cantidad de bodegas que visite y las degustaciones que realice.
Por su parte, Luciana Cerutti, gerenta comercial de la agencia Ketek Eventos y Turismo, sostiene que “este tipo de turista de alta gama suele consumir vinos argentinos y quiere ver cómo y dónde se elaboran. Por eso armamos actividades que combinen las distintas posibilidades que ofrece la región, por ejemplo que visita una bodega tradicional, otra que se destaque por su innovación tecnológica y otra boutique. Queremos que se lleve experiencias distintas y que participe de algunas de las propuestas como turismo astronómico, tomar clases de cocina, pintar un cuadro entre viñedos”.
Estos turistas suelen combinar su estadía con algunas noches de alojamiento en hoteles 4 y 5 estrellas en el radio céntrico y otras en posadas en las bodegas o zonas rurales que puede costar entre 200 y 250 dólares la noche.
Fernando González, responsable de Eventos y Grupos de la agencia Kahuak, que trabaja con ambas ramas de clientes, añade que el turista más joven “suele ser un turista de hostel que gusta ahorrar en alojamiento y gastar mucho en actividades, preferentemente europeos y americanos que vienen visitando distintos países de Latinoamérica”. Se inclina por un mayor contacto con la naturaleza. De ahí los tours en bicicletas y las cabalgatas y alguna actividad de turismo aventura. Una excursión de este tipo puede costar entre 170 a 300 pesos dependiendo si se trata de medio día o día completo y de si se incluye el almuerzo.
Consolidación
Para afianzar el turismo vitivinícola en el país, hace tres años Bodegas de Argentina junto con los gobiernos de las provincias vitivinícolas y la Secretaría de Turismo de la Nación se puso al frente del desarrollo de un Plan de Consolidación del Enoturismo Argentino que ya está transitando sus dos últimas etapas. De este proyecto también participan el BID, el CFI y la Corporación Vitivinícola Argentina (Coviar).
Según explica Gabriel Fidel, coordinador del proyecto, en las dos primeras fases “se realizó un estudio de la demanda, se abordó un diseño estratégico de la oferta y se definió el desarrollo de productos y el perfil de cada ruta. De allí surgieron 16 micro-destinos enoturísticos en todo el país que, dependiendo de la región, son productos ejes o productos complementarios de otras actividades turísticas”.
Se puso el acento en “diferenciar la identidad de cada una de las regiones, que va más allá de las bodegas, que son la columna vertebral. El enoturista quiere degustar comida regional, conocer el arte y la cultura del lugar, apreciar su naturaleza. Eso implica hacer un desarrollo integral de la región, porque es todo el territorio lo que se vende”.
Actualmente se está ejecutando el tercer componente: la calidad, en un doble sentido. Por un lado, se presentó un Manual de Directrices para Bodegas Turísticas con las pautas que éstas deben seguir “a fin de que tengan un estándar inicial de calidad”, y por otro se está implementando el programa SIGO (Sistema Inicial de Gestión de Organizacional) que “abarca a todos los actores enoturísticos para que alcancen una gestión inicial de calidad” del que ya han participado 200 firmas.
También se está trabajando sobre el cuarto componente que abarca promoción y marketing.
“Participamos en ferias y worshops de turismo y vino tanto nacionales como internacionales, realizando capacitaciones a agencias de turismo en los mercados emisores junto con el Instituto Nacional de Promoción Turística (Inprotur)”, relata Fidel.
Pero sin dudas, la apuesta fuerte será el próximo lanzamiento de un sitio web que promocionará las rutas enoturísticas de todo el país, y de una campaña de publicidad en medios nacionales e internacionales dirigida a crear interés por estos destinos y su oferta.
Bodegas con propuestas variadas
Pasear en globo sobre viñedos, maridar con chocolate, armar su propio corte de vino, avistar las estrellas mientras se degustan varietales, podar o cosechar son algunas de las opciones.
Familia Zuccardi “queremos que los turistas se vayan con una sensación. Tenemos once programas: vuelos en globo sobre viñedos, picnic en jardines, clases de cocina, curso de degustación, cosecha, poda, el Bike&Tasting y el Fourtrack&Tasting, restorán con tres menús diferentes”, explica Nicolás Aleman, jefe de Marketing y Comunicación.
Además de ofrecer la visita a sus viñedos y a su bodega, Ruca Malén tiene “un menú-degustación donde da a conocer sus tres líneas de vinos buscando el mejor maridaje. Recibimos grupos pequeños que puedan disfrutar tranquilos en un salón con una vista privilegiada a la cordillera y a los viñedos”, destaca Carolina Macaya, gerenta de Relaciones Públicas.
En bodega Norton “nos caracterizamos por estar en los detalles. Se puede realizar un safari fotográfico por los viñedos y la bodega; ser enólogo, trabajar la tierra (podar, desbrotar, deshojar, ralear, o cosechar), tomar clases de cocina en disco, horno de barro o a las llamas, realizar un picnic, apreciar el desarrollo del vino”, comenta Clara Argerich, gerenta de Turismo y RRPP. Norton ganó el oro en el certamen Best of Turismo Vitivinícola en la categoría Prácticas Sustentables.
En bodega y club Tapiz nos destacamos por “brindar experiencias personalizadas. Nuestros visitantes pueden disfrutar de paseos en carruaje por los viñedos, elaborar sus propios blend, tomar clases de cocina y cosechar sus propios productos en una huerta orgánica, realizar degustaciones de vino y de aceite de oliva, deleitarse con la comida regional del restaurant Terruño y relajarse en el spa con baños a base de vino y olivoterapia”, sostiene Carolina Fuller, gerenta de RRPP y Turismo.
Lo que destaca a bodega O. Fournier es su arquitectura singular y su restorán Urban. Por 2º año, la bodega obtuvo el oro en la categoría restorán y además la distinción de plata en arquitectura. “Hemos querido potenciar lo gastronómico y ofrecer un servicio personalizado. Tenemos un menú de seis pasos y cada uno se encuentra en perfecto maridaje con los vinos”, resalta Nadia Haron de Ortega, executive chef de Urban. Otra de las particularidades son las cabalgatas entre los viñedos.
Además de cursos de degustación de distintos niveles, bodega Nieto Senetiner tiene alternativas que resaltan por el sabor. “Tenemos la propuesta Chocolate&Vinos donde se experimenta el maridaje de chocolates y varietales. También tenemos clases de poda, acompañadas por un desayuno criollo con pastelitos dulces y sopaipillas, y cabalgatas con degustaciones ente viñedos acompañadas por quesos y frutos secos”, explica Virgina Minuzzi, responsable del área Turismo.
Además de la visita a su bodega, a la galería de arte Kilka y a su restorán, Salentein ofrece la posibilidad de hospedarse en su posada, que se alzó con el oro en la categoría alojamiento. “Duplicamos la capacidad y hoy tenemos 16 habitaciones. Ofrecemos paquetes que incluyen desayuno, cena, cabalgata y paseo en bicicleta y se le suman servicios como avistaje de estrellas, clases de cocina regional y degustaciones privadas”, resalta Pablo Bobadilla, encargado de la posada.
En bodega Altus la propuesta está en los sabores regionales con toque gourmet y los vinos maridados, que ofrece el bistró La Tupiña. Se cocina en una chimenea de gran tamaño donde la tupiña (olla de hierro) es protagonista. Se acompaña con destrezas criollas, danzas típicas y música de grupos folklóricos. Además, posee la posada Gualtallary, una casona rural ubicada a 8 kilómetros desde donde se realizan cabalgatas, paseos en sulky, trabajo en viñedos y avistamiento de aves.
Fuente: Claudia Pagliarulo - Diario UNO
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