La joven promesa sanrafaelina Imprimir E-Mail
26 de junio de 2011 20:36
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Sencilla. Luisina Sánchez no es sólo una cara bonita. Es una joven talentosa y capaz que ha logrado a su corta edad convertirse en una profesional destacada.
Sencilla. Luisina Sánchez no es sólo una cara bonita. Es una joven talentosa y capaz que ha logrado a su corta edad convertirse en una profesional destacada.
Luisina Sánchez es sommelier y con 23 años tiene un presente y un futuro prometedores. Ya ha capacitado al personal de varias bodegas argentinas.

Fuente: Diario UNO

Luisina Sánchez tiene 23 años recién cumplidos y con tan corta edad se ha convertido en una de las sommelier más destacada de la provincia.

Además de ser la secretaria académica del Wine Institute, se encarga de ofrecer capacitación vitivinícola en Buenos Aires, Chile y Uruguay. Su currículum asegura que es técnica agropecuaria, especializada en enología, sommelier de cava internacional y ha trabajado para las bodegas más importantes de nuestra provincia.

Pequeña de porte y con una bella cabellera rubia que hace aún más impactantes sus ojos azules, la joven habla con pasión de su carrera y con la confianza y seguridad profesional de una persona mayor.

Así, mientras coordina uno de sus tantos viajes con alumnos, atiende a este medio al que le confía: “La parte que más me gusta de mi trabajo es la cantidad de gente con la que uno se interrelaciona. Es decir, el vino une a personas que son completamente diferentes, de distintas profesiones y sectores sociales. Así, genera un ambiente especial y nosotros los sommeliers nos encargamos en gran medida de eso. Y es lo que más me gusta hacer”, dice la bella mujer.

–¿Cuál es la tarea del sommelier?
–El sommelier es uno de los mejores aliados que podemos tener, ya que es quien nos garantiza que la combinación de comidas y bebidas sea exitosa. Trata de encontrar el producto perfecto para una persona en un momento particular, creando el ambiente ideal y tratando de llegar a la máxima expresión del mismo. Somos el nexo entre el vino y el consumidor. El vino es uno de los tantos productos que estudiamos, ya que también informamos y les comunicamos a los consumidores de las combinaciones de destilados, infusiones, quesos y aceites de oliva, entre otros productos. Lo más importante es el descubrimiento del placer.

–¿Cuál sería el lenguaje ideal para comunicar sobre el vino?
–Si uno toma al vino como un alimento, simplemente hay que llevar todos esos atributos a un lenguaje sencillo y respetuoso. El sommelier es un comunicador, por lo tanto si su lenguaje no es entendido, su función no está cumplida.

–Mencionando al vino como alimento, la tarea del sommelier está muy relacionada en la cultura popular con la gastronomía...
–Es que hemos trabajado en conjunto. Por ejemplo, el trabajo en restoranes nos permite poner nuestra profesión al servicio del consumidor de frente a frente.

–Además, de asesorar a los clientes, ¿también realiza capacitaciones para profesionales en otros países y provincias?
–Sí. Ahora estamos preparando un viaje a Uruguay y también fuimos a Chile. Eso es algo que nos permite el Wine Institute. Y, particularmente este año, estoy dictando capacitación en varias bodegas de Cafayate (Salta). También estuve haciendo el servicio de vino en la conferencia que ofrecieron los diferentes expositores que participaron del Argentina Wine Awards 2011, en febrero.

–¿Qué proyectos tiene a futuro?
– Mi idea es seguir en el instituto, porque es un trabajo que disfruto. Pero también tengo un proyecto personal que es on line y es mi página web (luisinasanchez.com), donde hago asesoramiento personalizado en actividades relacionadas con esta profesión y detalles muy importantes de cómo hacer una pequeña cava en casa, por ejemplo.

–¿Y qué consejos podría darnos?
–Es muy importante que los mendocinos hagan por lo menos un curso de degustación de vinos, porque llevamos sobre nuestras espaldas el hecho de vivir en una tierra vitivinícola y siempre que viajamos nos piden consejos porque creen que todos sabemos de vino por el solo hecho de ser de aquí. Posteriormente, hay que tener en cuenta que es tan difícil saber de vino como elegirlo, ya que tenemos en el mercado más de 1.200 etiquetas. Entonces, a la hora de elegir es bueno ir variando entre las líneas. ¿A qué me refiero? Comprar una vez uno de $10, otra vez una de $30 y otra uno de $50, por ejemplo. Porque esto nos permite conocer e identificar cómo se diferencia cada uno y, a su vez, le damos una dinámica al paladar. Si uno toma siempre de $15, los de menos siempre nos van a parecer malos y vamos a tender a beber siempre de los más caro. Y no está mal tomar vino más económicos. Para cada vino hay un momento y a medida que uno lo estudia se va dando cuenta de eso. Así, tenemos vinos para tomar con los amigos, para beber solos, para acompañar una comida...

–Usted coordina las carreras del Wine Institute, ¿qué ofrecen allí?
–La oferta educativa de Wine Institute en sus sedes de Mendoza y Buenos Aires se amplió mucho desde sus inicios. Hoy está compuesta por cinco carreras de uno a dos años de duración. Las mismas son: Sommeliere, Marketing y Comercialización de Vinos, Asesor en Vinos orientado a la comercialización, Chocolaterie y Enoturismo.

Personal

  • Nació en San Rafael, el 24 de junio de 1988.
  • Estudió en la Escuela Argentina de Sommelier y su título está validado por la Escuela de Enología de Barcelona.
  • Está en pareja con el bailarín y comunicador social Facundo Zelaya.
  • Le gusta mucho andar en bicicleta.

 

La danza del amor

Luisina Sánchez, además de ser una destacada profesional, es una talentosa bailarina de folclore. Ha participado en varias fiestas de la vendimia y fue justamente en una de ellas en las que conoció a su actual pareja, Facundo Zelaya, quien es el dueño de un bar de la Alameda y con quien suele compartir sus 365 días desde hace tres años.

–Sus actividades están íntimamente ligadas con nuestras raíces, es sommelier y ha bailado en varios actos centrales, ¿qué significa para usted la Fiesta Nacional de la Vendimia?
–Desde 2008 vengo participando en la Vendimia. En San Rafael también participé en muchas departamentales. Pero lo que ocurrió este año, que fue lamentable y terrible, me ha hecho repensar mis próximas participaciones. Pero la experiencia de bailar en el escenario del Frank Romero Day es buenísimo y muy importante. Durante un mes los bailarines tenemos una carga muy interesante de trabajo y para el cual más de 700 artistas trabajamos y empujamos para el mismo lado. Es increíble. Además, alrededor de la fiesta en sí, se crean un montón de otros procesos y relaciones que están buenas. Hacés muchos amigos y en mi caso, particularmente, me puse de novia con un bailarín. Sin embargo, lo de este año fue atroz y la verdad que pasaron cosas terribles y de maltrato que hizo que la fiesta tocara fondo y pasara lo que pasó. 

Fuente: Gema Gallardo - Diario UNO 

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