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Factores como el calentamiento global cambiarán la forma de manejar la vid en el mundo.
En los últimos días han comenzado a sonar varias alarmas en torno a los
cambios que enfrentará la producción de vinos en un futuro no muy
lejano. Entre los factores responsables de la nueva tendencia están el
cambio climático, la necesidad de proteger el medio ambiente y la
aparición de nuevas normas para controlar el contenido de alcohol en
las bebidas fermentadas y destiladas.
Fuente: El Espectador (Colombia)
El calentamiento global, por ejemplo, está colocando una espada de Damocles sobre las zonas más cálidas del mapa vitivinícola mundial. Se dice que algunas zonas legendarias como Jerez, en el sur de la península ibérica, pueden peligrar. La amenaza se siente, igualmente, en las zonas cálidas de Italia y Francia. El calentamiento del planeta redunda en ganancia de azúcar y pérdida de taninos y acidez. Y como resultado del incremento de dulzor, el volumen de alcohol también sube, poniendo en riesgo los perfiles aromáticos y gustativos que han caracterizado a los vinos de estas zonas durante siglos.
Para sobrevivir, algunas empresas han comenzado a comprar terrenos en varias regiones norteñas, muchas de las cuales habían sido ajenas a la producción de uvas vitiviníferas. Otras firmas se han mudado a tierras de altura, en busca de climas más fríos. Y no pocas han comenzado a replantar sus viñedos, acogiendo variedades más resistentes al calor, como Garnacha, Touriga, Zinfandel, Mourvèdre, Carménère, Shiraz, Pinotage, Vermentino, y Viognier. Ya se está convirtiendo en una práctica habitual cosechar antes de tiempo para retener frescura.
Zonas como Champaña y Alsacia, en Francia, que, hasta hoy se consideraban paraísos naturales para las uvas blancas, hoy están estudiando la posibilidad de producir tintos de cuerpo, algo que antes consideraban un anatema. Países como Inglaterra, que hasta ahora estaban fuera del circuito de la viticultura, actualmente se están transformando en nuevos y prometedores polos por sus climas más benignos. En países como Chile y Argentina, la búsqueda de nuevos terrenos alejados de los valles tradicionales están en furor, convirtiendo a los suelos montañosos y a los territorios más septentrionales o australes en las nuevas mecas de la bebida. Los vinos de altura o los cool climate wines son, hoy por hoy, los más apetecidos en los mercados consumidores.
Para muchos, sin embargo, no es fácil arrancar sus parras y mudarse a otro lugar. Por tal motivo, están comenzando a surgir empresas como la australiana Memstar, que han diseñado nuevos dispositivos para reducir los niveles de alcohol o eliminar impurezas. A mayor volumen de alcohol, menores posibilidades de mostrar la riqueza aromática y gustativa del vino. Además, un mayor volumen de alcohol implica impuestos más elevados, algo que castiga a los productores y pone al vino fuera del alcance de cientos de consumidores.
Por otro lado, y aunque la vitivinicultura es una de las actividades agrícolas más respetuosas del medio ambiente, no está exenta de críticas por el uso de insecticidas y pesticidas. Hay un movimiento creciente para utilizar controles naturales y ya es un hecho la viticultura orgánica está en auge. Lo mismo ocurre con la ola de la biodinámica, que pretende sintonizar el manejo agrícola con los astros.
Incluso, se ha convertido en una nueva política de las grandes superficies exigir a los proveedores información sobre sus prácticas productivas. La cadena estadounidense Walmart, por ejemplo, no codifica en sus almacenes marcas que atenten contra el medio ambiente, incluidos los vinos. Esta situación está llevando a los productores a optar por procesos artesanales que no impliquen el uso de equipos altamente dependientes de energía. En fechas recientes, muchos viñedos y bodegas en California han optado por instalar panales solares y otros dispositivos ahorradores de electricidad convencional.
Algunas empresas como la francesa Boisset también han comenzado a cambiar los estándares de envasado, valiéndose de cajas reciclables de Tetra Prism. Para ganarse al consumidor, ha introducido llamativos y originales diseños. Otros sistemas incluyen el bag-in-the-box, tecnología consistente en el uso de una bolsa dentro de una caja, con un grifo de salida. Por lo general caben entre tres y cuatro botellas en un recipiente de este tipo. La idea es reducir la energía y el costo que implica producir envases de vidrio.
En el fondo, la industria está virando, junto con un creciente número de compañías industriales de otros rubros, hacia un modelo más equilibrado frente al consumidor y el planeta. La consigna es llegar a un punto que podría describirse con una especie de nueva consigna: “Vinos mejores para un mundo mejor”.
Fuente: Hugo Sabogal - El Espectador
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