| ¡Levante la mano quien pueda describir un Pinot Noir! |
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| 10 de marzo de 2010 20:08 | ||||||||
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Entre Pinot Noir, Malbec y Cabernet, la primera es la uva que logra mayor identidad varietal, aún cuando es la más dispersa y la que menos conoce el consumidor. Fuente: La Mañana Neuquén
Resulta una paradoja de nuestro mercado que la variedad de uva tinta más rara es al fin la más identificable. Etiquetas recomendadas. Son glamorosas por el lugar que ocupan en la góndola y en el imaginario del consumidor, que las elije por motivos muy diferentes. Por ejemplo, los vinos blancos los bebe una minoría –ilustrada o no- que crece lentamente y que en realidad los redescubre hoy como una alternativa a los tintos potentes que dominan el mercado. Todavía es una decisión más de rechazo que de elección, aunque fundada en que proponen vinos distintos. Con las tintas sucede otra cosa. El Malbec es la que beben los que dicen saber algo de vinos, aunque en verdad lo eligen porque es políticamente correcto y hace pertenecer a cierta "intelligentzia" etílica, como diría el sagaz de Arturo Jauretche. El Cabernet le gusta a aquellos que saben qué les gusta y quienes tienen férreas convicciones. Mientras que el Pinot Noir asusta a los neófitos porque es raro y precisamente por ello engorda el prestigio de los conocedores: porque los distingue del aluvión zoológico, para seguir con las metáforas históricas. Con todo, el Pinot Noir tiene un plus y por eso crece su consumo. Una de las razones de esta moda es que ofrece un paladar distinto e inidentificable, aunque el consumidor en vías de formación no sepa bien qué esperar de él. Si no, ¡levante la mano quién pueda definir un Pinot Noir! Que sea distinto, sin embargo, en un mercado donde los tintos están mayormente malbequizados –hechos a imagen y semejanza del políticamente correcto Malbec-, es su secreto: el espíritu endeble y singular del Pinot Noir termina por resultar un sabor atractivo en una oferta homogénea.
El juego de las diferenciasNos explicamos mejor con un ejemplo: si uno está de pie frente a la góndola del supermercado y una abrumadora cantidad de etiquetas nublan la decisión de compra, eso sucede porque la mayoría de los vinos resultan parecidos en aromas frutales, en cuerpo y en texturas entre rugosas y tánicas. Digamos que hay más cercanía entre un Malbec y un Cabernet de 20 pesos, que si de pronto se salta a uno de 15 o 25. De modo que la diferencia principal es la marca y el precio.
Nada de eso sucede con el Pinot. En cualquier cata ciegas, de esas en las que no se conoce absolutamente nada del vino, distinguir un Pinot no demanda ningún esfuerzo: cuando aparece un tinto ligero de cuerpo, potente en sabor y textura inusualmente sedosa es de cajón un Pinot Noir. Lo que presenta una paradoja divertida: la variedad más difícil de definir –por sus innumerables clones y mutaciones- y menos conocida por el consumidor, de paso, porque hace poco que suena en el mercado, resulta al fin la más distinguible. Qué pinot probar
En la dispersión que abunda en el Pinot Noir –desde oscuros como el petróleo a vinos casi rosé; de aromas frutales a coráceos; de ligeritos a medio corpulentos- hay varios vinos que vale la pena tener en mente, más allá de sus diferencias. Entre los accesibles, Tribu 2009 y Finca Roja 2009 representan el costado cálido y arrobante al paladar, típico de las viejas selecciones nacionales. Más arriba en precio, Saurus 2008, también Calafate 2008, Humberto Canale Estate 2008 y Salentein Reserve 2008, con algún componente clonal, resultan sobre todo sedosos, con aromas bien frutales y un paso cordial bien identificable. Por todo ello, es que de las variedades tintas con glamour propio, el Pinot Noir es la más interesante de beber hoy. ¿Hace falta saber mucho más para atreverse a probarlo? Si en la variedad está el gusto, el gusto del Pinot está precisamente en ser distinto. Fuente: Joaquín Hidalgo - La Mañana Neuquén Agregar a favoritos (10) | Cite este artículo en su sitio | Vistas: 405
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