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 En el ojo de la tormenta El mundo de los negocios que viene estará impregnado de una serie de
condiciones adicionales a las tradicionales para las que hay que
prepararse.
Fuente: Los Andes
Algunos meses atrás, una bodega mendocina, con muy buena presencia en el mercado inglés, recibió un pedido de su importador: "necesitamos que nos manden el vino envasado en botellas que pesen la mitad de los que pesan las actuales". ¿Las razones?.
En Inglaterra ya existe una norma que exige que los productos que importan hayan tenido el menor impacto posible sobre el medio ambiente en el país que se fabrican. Además, la empresa argumentaba razones de costos de flete por menor peso.
Quienes venden en mercados europeos saben que existen normas de calidad, además de la ISO, con varias especificaciones que deben ser certificadas. Alemania tiene la propia, lo mismo que Inglaterra. Por su parte, existen normas específicas para alimentos en Estados Unidos y Japón.
Una tendencia que está creciendo es la certificación de "Comercio Justo". Este es un concepto que viene apoyado desde Naciones Unidas y promovido por diversas organizaciones sociales y ambientalistas. El concepto tiende a establecer un puente entre productores con tiendas de venta al público, evitando en lo posible la intermediación.
De esta manera, se promueve que los productores obtengan un precio que haga sustentable sus pequeñas propiedades, pero también, exige cumplir ciertas normas como ausencia de trabajo infantil, igualdad de ingresos entre hombres y mujeres, sustentabilidad de la explotación con el ambiente y estímulo a producciones orgánicas.
Este movimiento está creciendo y aparecen en todo el mundo tiendas que venden solo productos con la certificación FLO (FreeTrade Labelling Organizations). Según recientes publicaciones, los negocios que venden productos de Comercio Justo ya superan los 10.000 en Europa y están organizados de manera de estimular la participación de productores.
En el caso de Argentina, se destaca lo que está haciendo la Cooperativa La Riojana con sus vinos, o la cooperativa santiagueñas CoopSol, exportando miel orgánica. Varias bodegas mendocinas ya han certificado la aplicación de estas normas.
En los casos de comercio justo, los compradores, aparte del precio pactado, pagan una "prima FLO"; es decir, un precio adicional que las cooperativas deben destinar a mejorar las condiciones de vida de la comunidad y de los trabajadores, como mayor capacitación y educación para ellos y sus familias.
Por ahora, el Comercio Justo aparece como un nicho de mercado, pero la creciente demanda de su certificación se puede transformar en una exigencia competitiva a mediano plazo.
En el caso de la vitivinicultura, el INV anunció que a partir de 2011 comenzará a exigir a las bodegas la certificación de la norma BPM (Buenas Prácticas de Manufactura) que es un primer paso para comenzar a racionalizar los procesos de gestión que, luego, les pueden permitir certificar normas más exigentes.
Lentamente, la economía global comienza a poner sus reglas y la mayoría parte de iniciativas estatales que generan normas para su propio sistema productivo y las transforman en exigencias más estrictas para los productos importados.
Algunos podrán señalar que tiene tufillo a trabas para-arancelarias, pero en general están destinadas a mejorar las condiciones de trabajo de hombres y mujeres, para que lo hagan en condiciones de igualdad, seguridad y con salarios justos.
Además, ante los fracasos de las cumbres ambientalistas, muchas normas específicas ya se preocupan por el cuidado del ambiente propio y de la zona de producción, lo que va generando una tendencia creciente ante la preocupación generada por la evidencia del cambio climático en el planeta.
Ahora llega el carbono
Es sabido, y está demostrado, que la emisión de gases de efecto invernadero es la responsable del calentamiento global que causa el cambio climático. El más abundante es el anhídrido carbónico (CO2).
En este caso, y a pesar de los compromisos asumidos en Kyoto, no se ha conseguido mayores efectos porque los países que más contaminan no están dispuestos a comenzar a reducir sus emisiones. Las empresas y los Estados de esos países deberían hacer cuantiosas inversiones.
Desde distintas organizaciones internacionales se comenzó a trabajar en formas de racionalizar el problema y han comenzado a surgir distintas iniciativas. Una de ellas es la de medir las "huellas de carbono". Con esto, se mide la cantidad de CO2 generado en la producción de diversos bienes, desde la etapa primaria hasta el punto final, en que el producto ya consumido ingresa como residuo.
Por ahora son iniciativas y ningún gobierno le ha puesto la decisión a esta medición, sobre la cual también hay varias corrientes científicas trabajando. Incluso, algunas empresas lo hacen para su sistema productivo pero por ahora prefieren no divulgar resultados, aunque sean buenos, porque el tema no está didácticamente instalado entre los consumidores.
Pero hay un tema sobre el que se está trabajando, por varias vías, y es en los objetivos de "carbono neutro"; es decir, reducir por una parte la emisión de gases de efecto invernadero y, por la otra, producir hechos que tiendan a neutralizar el carbono.
El mayor consumidor de CO2 son las plantas, y por lo tanto se está insistiendo en la necesidad de preservar bosques o replantar grandes extensiones arrasadas sin ningún cuidado conservacionista.
En Europa ya se habla de "cadenas productivas de carbono neutro", es decir aquellas que son capaces de compensar las inevitables emisiones de CO2. Asimismo, se ingresa también al concepto de "círculos de carbono neutro". Quienes siguen de cerca este tema no descartan que a mediano plazo, algunos países comiencen a requerir certificación de carbono neutro". Pero este es un tema que debe ser encarado desde los Estados.
También se registran experiencias interesantes que muestran la necesidad de que el Estado asuma un rol preponderante para liderar estos temas.
En Uruguay se conformó la "mesa de sol", donde se reunieron autoridades, empresarios de la construcción y científicos y acordaron un plan para hacer crecer el uso de la energía solar y disminuir el uso de combustibles fósiles.
En función del acuerdo alcanzado se han sancionado normas que prevén la incorporación progresiva de la energía solar en la construcción de viviendas, en el uso de calderas de calefacción de manera que en 10 años, prácticamente todas las actividades económicas utilicen mayoritariamente energía solar.
Esperamos que en Mendoza surjan iniciativas similares. Si bien hay grupos trabajando, estos están dispersos y necesitan de coordinación y liderazgo. Previamente, Mendoza debe definir su matriz energética para comenzar a utilizar fuentes no contaminantes, como la energía eólica o la solar.
Lo cierto es que el mundo de los negocios que viene estará impregnado de una serie de condiciones adicionales a las tradicionales para lo cual hay que prepararse con tiempo.
Fuente: Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes
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