| Vinos de autor: Cuando la firma define al vino |
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| 28 de abril de 2009 11:24 | |||||||||
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Se los llama vinos de autor. Aunque su categoría es más bien nebulosa, resulta atractiva porque renuevan los estilos locales.
Qué son los vinos de autor. Tres casos nuevos que conviene tener en mente a la hora de beber.
Fuente: La Mañana Neuquén
Hace años que existe en nuestro país una pequeña pero apreciable
categoría de Vinos de Autor. No necesariamente son exclusivos, a la
manera en que un Kenzo puede hacer tal vestido para una personalidad,
sino más bien caldos pensados y llevados a cabo con la firme convicción
de su creador, por romper los moldes de las tendencias en nombre de lo
que cree debiera ser su vino.
Etiquetas como Ricardo Santos, Carmelo Patti, Pura Sangre y Yacochuya,
que van rubricadas por sus hacedores, son buenos ejemplos clásicos de
lo que significa esta categoría en Argentina. Pero la autoría no es
sencilla de definir, aunque parece más simple cuando se habla de otros
consumos conocidos: Vargas Llosa es autor de La Fiesta del Chivo, John
Lennon de Imagine y Stanley Kubrick de Odisea en el Espacio. Pero,
quién es el autor de un vino centenario, pongamos un Pétrus o un
Chateaux D’Yquem, ¿una persona o un viñedo?
La discusión es larga. Están quienes niegan toda autoría a una botella
y quienes afirman a rajatabla que hay un hombre detrás de una etiqueta.
El sentido común, sin embargo, nos dice que cuando algún enólogo o
bodeguero le planta su firma, él es su autor. Pero no siempre una
rúbrica sirve para garantizarlo.
Creación versus resultado natural
Ahora bien: si es verdad que el viñedo y el terruño –la suma de
factores que determinan un vino- son claves para su sabor y estilo,
cómo es posible que una mano iluminada pueda ser su secreto, en la
misma medida en que Miles Davis es el genio detrás So What. La autoría
de una etiqueta reclama un sello estilístico propio y en eso se parece
al logro de un compositor, aunque no plenamente.
Una mejor lectura se obtiene al compararlo con el cine. Para hacer su
Odisea, Kubrick trabajó como un burro varios años escribiendo,
asegurándose en su obsesión que cada detalle del film fuera tal como lo
imaginaba. Pero a la hora de llegar al set de filmación, a contar de
los actores en adelante, trabajó con una infinidad de almas que
hicieron al lucido final: vestuaristas, foquistas, sonidistas,
iluminadores entre muchos otros. Todos están en los créditos.
En el vino también trabaja un equipo complejo, pero que no figura en el
crédito final (por obvias razones de espacio). Desde el viñatero que
poda y da forma a las vides, al ingeniero agrónomo, al enólogo y al
propietario de la bodega, todos son responsables de que un vino sea
sólo bueno o genial. A excepción del bodeguero y el enólogo, el resto
del equipo suele brillar por su ausencia en los aplausos.
Los autores reales
Pero hay casos en que casi todas esas funciones pasan por una sola
persona. Casos en los que la mayoría de las tareas de elaboración y las
tomas de decisiones están dirigidas por una sola cabeza y es ahí
cuando, por regla general, se habla de vinos de autor en el mismo
sentido en que se lo aplica a una novela, una composición o una
película: el de genio creador.
En los últimos años en nuestro mercado han aparecido un buen número de
vinos de autor, con resultados bien diversos. Hoy forman una categoría
que se nutre de nuevas propuestas, en la medida en que una camada de
enólogos y bodegueros más jóvenes le imprimen su ritmo a los estilos
del vino. Además de los consagrados Cabernet Sauvignon de Carmelo
Patti, Malbec de Ricardo Santos, Pura Sangre de Ángel Mendoza y el
Yacochuya de Michel Rolland, hay tres autores que merecen especial
atención.
En la vanguardia estilística, el enólogo Héctor Durigutti elabora
Malbecs y Bonardas que se sostienen solos en las góndolas, sin
necesidad de mayores explicaciones: la evidencia del sabor frutal
convence a cualquier descreído. Su marca es Durigutti a secas y los
vinos no siempre son fáciles de conseguir.
Familia Schroeder tiene una línea de vinos de autor dentro de su
portfolio: los Barrel Fermented. Leonardo Puppato, el enólogo e
ideólogo del Malbec y el Pinot Noir, logra tal independencia
estilística, abriendo un campo que hasta ellos no existía en nuestro
país. Sobrevuelan la boca con sabor profundo y suave tacto de seda,
inolvidables.
Mauricio Lorca es el tercer integrante de esta camada joven. Enólogo,
apostó por los vinos sin madera desde el vamos, cuando sacó su gama
Ópalo allá por 2004, hoy extendida con Fantasía y Poético. En
cualquiera de ellos, pero especialmente en el Malbec Ópalo, Lorca
consigue un paso suelto y fresco que marcan su personal rumbo dentro
del mercado local.
Fuente: lmneuquen.com.ar - Joaquín Hidalgo Agregar a favoritos (31) | Cite este artículo en su sitio | Vistas: 379
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