Chile: El vino no faltará Imprimir E-Mail
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Vinos de Chile dice que unos 125 millones de litros se perdieron a consecuencia del terremoto; pero otras fuentes de la industria afirman que la cifra es muy superior.

 Fuente: Expreso

Ubicado a orillas del río Tinguiririca, entre el norte y el sur de la vía Panamericana y el Pacífico, el valle de Colchagua es a veces comparado con la Toscana. En medio de suaves colinas y hermosos pueblos están los viñedos que producen algunos de los mejores vinos tintos de Chile. En esta temporada del año, época de la vendimia, el valle normalmente se aviva con festivales de vino.

No este año. Como resultado del terremoto que sacudió el centro-sur de Chile el pasado 27 de febrero, solo dos de los muchos hoteles del valle y menos de la mitad de sus 18 viñedos están abiertos al público y todos los festivales, a excepción de algunos eventos de recaudación de fondos, han sido cancelados.

Sin embargo, los productores de Colchagua están contando sus bendiciones. A diferencia de las manzanas que el valle también produce, las uvas no se agitaron en el suelo. Ellos están cosechando más o menos normalmente, aunque hay una escasez de recolectores. Muchos trabajadores de temporada o bien han encontrado trabajo en la reconstrucción, o están ocupados reparando sus casas en ruinas.

El terremoto dañó instalaciones en las bodegas, también. Cuánto vino se perdió, y cuánto tiempo y dinero tendrá la industria para volver a la normalidad son temas de fuerte discusión.

Vinos de Chile, la asociación de la industria, dice que 125 millones de litros de vino se perdieron, debido a la ruptura de tanques de almacenamiento y botellas por el terremoto. Una quinta parte de las pérdidas fue en el valle de Colchagua. El perjuicio total asciende a solo 12,5% de la producción nacional en 2009, un año récord.

Concha y Toro, el mayor productor y exportador, se ha negado hasta ahora a revelar sus pérdidas a pesar de que sus acciones están cotizadas en bolsa.

“Hemos tenido un aprovisionamiento excesivo desde hace mucho tiempo y no hay riesgo de una escasez de vino chileno en cualquier parte del mundo”, insiste René Merino, presidente de Vinos de Chile. Sin embargo, dice que los productores podrían tener que subir los precios a fines de este año, si el peso se fortalece debido a la afluencia de dinero de la reconstrucción.

Pero algunas personas de la industria afirman que las cifras de la asociación están subestimadas, destinadas a tranquilizar a los compradores extranjeros y disuadir a los productores de uva de elevar sus precios. “Tratan de defenderse de los competidores en la Argentina que han estado diciendo a los importadores que Chile se quedará fuera del mapa por el momento”, dice un analista de vinos en Santiago.

Andrés Sánchez, un consultor de vinos con sede en la región del Maule, al sur de Colchagua, reconoce que el derrame ascendió a más de 300 millones de litros.

Un contienda similar se está librando en la vendimia de este año. Merino insiste en que el terremoto no tendrá ningún efecto. Otros están en desacuerdo. Sánchez plantea que el mal tiempo -las heladas en noviembre y las lluvias en enero- implicó que la cosecha de uva de este año fuera de todos modos pequeña. La caída de la producción de vino blanco, mucho del cual se hace más al norte en los valles de Casablanca y Leyda, podría alcanzar el 40%, calcula. Los productores de vino en el valle de Colchagua dicen que los daños en los sistemas de riego ocasionaron que los campos no pudieran ser regados por hasta dos semanas después del sismo.

Sin embargo, una primavera fresca y el verano han incrementado la acidez natural de la uva. Todo esto apunta a una vendimia más pequeña, pero de alta calidad. “Este será un año excepcionalmente complejo para la industria vitivinícola chilena, y mucho dependerá de lo que hacen los enólogos con las uvas”, explica Sánchez.

Luego está el turismo relacionado con el vino. Este había empezado a traer dinero extra a lugares como Colchagua. Muchas de las atracciones del valle fueron destruidas. Eran construcciones de adobe que las hacían pintorescas pero también mortales. En Santa Cruz, la principal ciudad del valle, la iglesia en la plaza principal será demolida. Todo lo que queda del templo en Peralillo, un pueblo cercano, son dos columnas en blanco brillante.

Carlos Cardoen, dueño del hotel más grande de Santa Cruz, espera volver a abrir en septiembre. Pero, añade que pasarán dos años antes de que el turismo local vuelva a la normalidad. Reconstruir de forma más segura, mientras restauran el patrimonio arquitectónico de la región será difícil. La hacienda El Huique, el equivalente más cercano a una casa señorial británica, está tan dañada que los planes para arreglarla aún no se han elaborado.

A pesar de ello, algunos viñedos se salvaron. Uno de los afortunados fue Casa Lapostolle, un joint venture franco-chileno. Su bodega Clos Apalta en el valle de Colchagua produce un muy alabado vino tinto que se vende por $ 80 en Estados Unidos. La cosecha 2008 pudo haber sido derramada y perdida, pero hubo un retraso providencial en la llegada de las botellas de Francia, contó Patricio Eguiguren, director el gerente de Lapostolle. “Esa es la razón por la que aún estaba a salvo en barriles”, dice. En medio de la desgracia, esto es algo por lo que tenemos que brindar.

 

Fuente: Expreso 

 


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