| Sabor a corcho ¿Hasta qué punto lo podemos detectar? |
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Fuente: Verema
- ¿Somos realmente capaces de detectarlo? La respuesta a estas preguntas está en el resultado del trabajo que hemos realizado con los alumnos de primer nivel de Sumiller, un curso de extensión universitaria de CETT-UB. El panel de catadores, sin tener todavía un gran nivel en el análisis sensorial, puede ser bien representativo a la hora de valorar los umbrales de detección de un sumiller medio o bien de un aficionado experto. Seguro que con alumnos de 2º curso los niveles de detección serían mucho más altos, pero ello distorsionaría el objetivo de este trabajo. Para obtener unos resultados más fiables, se hicieron dos pruebas: unas de detección de distintas concentraciones en agua y en distintos tipos de vinos, a nivel olfativo, y otra prueba de detección de las distintas concentraciones a nivel gustativo.
De este modo, se inocularon distintas dosis de TCA en distintos productos: A cada uno de estos productos se les inoculó las siguientes dosis de TCA: 5 nanogramos/l, 10 nanogramos/l, 20 nanogramos/l, 40 nanogramos/l. Teniendo en cuenta que, según la bibliografía actual, la sustancia responsable del "sabor a corcho", el Tricloroanisol, TCA, sólo empieza a ser detectable a partir de 5 nanogramos por litro, queríamos comprobar si, por una parte somos capaces de detectar estas cantidades mínimas de concentración, y por otra parte, si estas dosis son más o menos apreciables a nivel olfativo que gustativo. Desde el punto de vista del Sumiller, hemos creído muy importante realizar la experiencia de comprobar el grado de apreciación de TCA a nivel olfativo para tener el convencimiento de la utilidad y la fiabilidad que representa la práctica habitual de oler el tapón al abrir una botella de vino a la hora de detectar posibles defectos. Se prepararon de cada muestra tres copas. El catador tenía que detectar qué copa o copas contenían TCA. Sólo se han admitido como respuestas correctas cuando se han acertado las tres copas que contenían las distintas dosis para cada muestra. La figura 1 y la figura 2 reflejan los porcentajes de detección de las distintas dosis, en los distintos productos. Del estudio de los resultados, destaca sobre todo el hecho de una mayor detección de TCA en el olfato que en el gusto. Ello se hace sobre todo muy evidente en las muestras con concentraciones de 20 y 40 ng. De las muestras de agua, donde el 100% de los catadores lo detectan a nivel olfativo, pero sólo un 63 % lo hace a nivel gustativo. Las dosis más bajas de TCA de 5 y 10 nanogramos/l., son apreciables por un 45% de los catadores en todos los productos. Incluso a nivel olfativo, se ha detectado en algunos casos con mayor facilidad en los cavas que en las muestras de agua. Analizando cada producto por separado podemos sacar las siguientes conclusiones:
Vino Blanco: Es después del agua donde se detecta antes y mejor el TCA. A pequeñas dosis (5 ng) ya es detectable, sobre todo en fase olfativa 63%, pero en cambio se muestra menos evidente que en el vino tinto en fase gustativa.
Vino Tinto: Los umbrales de detección son muy evidentes y muy parecidos tanto en fase gustativa como olfativa: El 46% de los catadores detecta el límite más bajo de los 5 ng., y entre el 70 y el 85 %, lo hace a partir de los 10 ng/l.
Cava Brut Reserva y Nature Gran Reserva: La sorpresa surge sobre todo con los cavas, donde a nivel olfativo en las concentraciones más pequeñas de entre 5 y 10 ngr/l. su límite de detección es muy parecido al vino tinto, pero es el más bajo de toda la serie a nivel gustativo. En cambio se muestra como el más evidente a nivel gustativo, con índices de detección del 80%. Ello nos hace pensar que el carbónico de los cavas provoca que los contenidos de TCA sean mucho más evidentes que en un vino tranquilo. De un modo general la conclusión de este trabajo nos da una idea clara de la importancia de la olfacción a la hora de detectar los "aromas a corcho" en un vino, y que éstos se muestran más evidentes en los cavas que en los vinos tranquilos cuando se trata de cantidades a partir de 20 ngr/l, posiblemente debido a la influencia del carbónico. Es también un hecho a destacar, el gran porcentaje de acierto en las dosis consideradas mínimas de detección de TCA, lo cual hace reconsiderar y comprobar en futuras experiencias, la conveniencia de rebajarlas. También puede ser interesante, repetir esta experiencia oliendo sólo tapones de botellas de vino, a las cuales se les haya inoculado previamente unos meses antes, distintas concentraciones de TCA... pero eso será otro día y fruto de otro estudio. Agustí Torelló i Sibill Enólogo y Coordinador técnico de primero del curso de Sumiller CETT-UB (Escola Universiària d' Hoteleria i Turisme de la Universitat de Barcelona) Fuente: Agustí Torelló i Sibill - Verema
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