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 Centenario. El viñedo de Francisco Farina está ubicado en Perdriel y está a punto de cumplir cien años produciendo. Foto: Claudio Gutiérrez Amenazados por el crecimiento de la construcción, un grupo de amigos y
conocidos formó la asociación Viña de la Solidaridad. Ya son más de
diez propietarios. Buscan rescatar la figura del contratista y
resistirse a la venta de sus tierras.
Fuente: Los Andes
Todos eran viejos conocidos y tenían en común los mismos problemas: sus pequeñas fincas de uva, en medio de zonas urbanas, se veían amenazadas por el avance de la industria inmobiliaria y las dificultades que enfrentaban a la hora de mantener sus producciones. De allí que decidieron unirse para solucionar juntos sus problemas a través de la creación de una asociación y trabajar mediante el Comercio Justo.
Se trata de Viña de la Solidaridad (Viñasol), un emprendimiento que se inició hace cinco años cuando pequeños productores de Luján, frente a la misma realidad, buscaron cambiar su situación. "Decidimos unirnos a través de una asociación civil porque nos pareció la figura más adecuada, ya que el común de la gente no quiere estar en cooperativas", explicó Eduardo Bertona, presidente de la entidad.
"La mayoría de las propiedades de los socios están ubicadas en zonas urbanas de mucho valor inmobiliario y es muy común que se vendan estas propiedades por el valor del terreno y se abandone la actividad, entonces lo que queremos es preservar esa uva que está en zonas de muy alta calidad", continuó Bertona. En la actualidad la asociación cuenta entre sus miembros con trece propietarios de fincas y ocho contratistas.
"Ésta es una forma de autodefendernos para no tener que llegar a vender o mal vender quizá. Y la mayoría son todos viñedos antiguos, por ejemplo el mío está cumpliendo 100 años", contó Francisco Farina, miembro y secretario del grupo cuya producción se ubica en la zona de Perdriel y es trabajada por él mismo. "Otra finalidad es tratar de que siga perdurando la imagen del contratista que año a año va desapareciendo", agregó el secretario.
Defender la figura del contratista es uno de los objetivos de quienes integran Viñasol, de hecho, en su página web se explica de qué se trata y pronto incluirán más información acerca de la historia de esta forma de producción. "Este régimen, que ha sido de gran importancia en el desarrollo vitivinícola de Mendoza, está en peligro de extinción", aseguran los integrantes de la entidad.
"Al principio los contratistas eran muy desconfiados, pero cuando ya pudieron ver los beneficios y, por ejemplo, comprarse electrodomésticos sintieron que eran parte de un proyecto", contó José Ianardi, socio de la entidad junto con sus dos contratistas.
"Una parte interesante del tema del contratista es que no es como el obrero de viña que trabaja ocho horas y se va -comentó Gabriela Furlotti, integrante de una de las bodegas que manufactura las uvas de Viñasol-, sino que vive allí con su familia, y se transmite la cultura de ese trabajo a los hijos", apuntó.
Comercio justo para subsistir
Otro de los problemas con los que se encontraron estos pequeños productores fue el de la rentabilidad de sus viñedos.
"Los productores chicos tenemos más problemas que los grandes. De la última venta que nosotros hicimos fuera de la asociación terminamos cobrando el último cheque a mediados de febrero del otro año, ya estábamos por levantar la otra cosecha y recién estábamos terminando de cobrar la anterior", dijo Marta Bordignon, que junto con su esposo Miguel trabajan en su propio viñedo, uno de los más pequeños de Viñasol.
Para poder mantenerse económicamente y sortear los vaivenes del mercado, la asociación obtuvo en 2007 la certificación internacional Fair Trade (Comercio Justo) que garantiza un precio mínimo a los productores. Viñasol ha comercializado sus producciones principalmente con bodega Furlotti y Trivento, ambas también con certificaciones de Comercio Justo (ver aparte) y Finca La Rural, próxima a conseguirla.
"Aparte de garantizarnos ese precio mínimo para mantener la rentabilidad, se le agrega un valor por kilo de uva, ese plus que paga nuestro comprador es lo que tiene que ingresar a la asociación, se llama de Prima o Premio", explicó Bertona y prosiguió: "Eso genera un fondo que lo destinamos a ayuda social, salud, educación y bienestar de los propios miembros.
"Otro proyecto que tenemos es también el tema del aceite de oliva. Estamos tramitando la certificación, todos tenemos olivos en las fincas así que nos vendría justo", concluyó el productor.
Revalorizar la viticultura
El proyecto de la asociación tiene entre sus objetivos evitar la desaparición de los pequeños viñedos y fomentar su desarrollo. En una nota publicada por Los Andes en abril de 2009 se plasmaron datos que daban cuenta del avance urbano sobre los viñedos en Luján. El ingeniero agrónomo e investigador del Conicet, Eduardo Méndez, advertía que en el término de casi 80 años, (de 1922 a 2000) Luján perdió 62% de la superficie agrícola.
Por ello este grupo, además de luchar contra esa problemática, apunta también a revalorizar la producción de uva.
"Un poquito lo que queremos decir es produzco uva, y estoy feliz de hacerlo, y trabajo la viña y hago una buena uva. Porque mucha gente piensa que el vino viene solo, pero hay un proceso grande de trabajo y además es una cuestión cultural y existe el traspaso de esa cultura de una generación a otra y todo eso también hace que esto vaya más allá de la parte puramente comercial. Hay mucha gente que no tiene la menor idea de lo que cuesta mantener una viña", planteó Gabriela Furlotti.
Proyectos sociales y bienestar general
El fondo que se genera con la prima proveniente de la venta de las uvas es administrado por la asociación con fines benéficos y de bienestar de sus asociados. Por ejemplo, una parte de ese dinero se destinó para que uno de los contratistas pudiese pagar un curso de computación a sus tres hijos. Mientras que también se los proveyó con ropas de trabajo.
Uno de los casos de uso de prima que Bertona recordó es el de don Luis Bordignon: "Luis fue uno de los primeros socios hasta que falleció en 2008. Antes de participar de Viñasol tuvo un ataque de hemiplejia y los primeros fondos los utilizamos para hacerle un tratamiento de fisioterapia y comprar medicamentos, fue nuestro primer objetivo".
Además, parte de ese fondo debe ser destinado a proyectos sociales. Este año los productores pretenden colaborar con dos entidades de Luján: la fundación de ayuda al discapacitado María del Carmen, y el grupo ADAS que asiste a los centros de salud del departamento.
Comercio Justo
En 2008 diario Los Andes publicó una nota acerca del Comercio Justo en su suplemento Fincas.
Allí se explicó: Fair Trade o Comercio Justo se trata de una modalidad de comercio alternativa, que asegura al consumidor que el producto que adquiere ha cumplido con ciertos requisitos que promueven una relación justa y voluntaria entre el productor y quien manufacturó el producto.
Algunos de los requerimientos para certificar este sello son: el pago de un precio mínimo establecido por la materia prima, relación justa con los trabajadores, beneficios médicos y proyectos para la comunidad, entre otros.
Frases destacadas
Juan Manuel Fernández Caetano. Socio: “No sólo hay un fin económico y social sino también que hay un cuidado del ambiente, del patrimonio cultural, un poco también evitar la erradicación de antiquísimos viñedos y la defensa de esos antiguos malbec”.
Gabriela Furlotti, miembro de una bodega que recibe las uvas: “Creo que también es importante rescatar el tema de la asociatividad porque tenemos poco y nada esa cultura y el hecho de juntarse con un objetivo en común y trabajar fuera del horario de trabajo es importante”.
Francisco Farina. Socio y secretario de Viñasol: “Es un grupo bastante armónico, muy familiero y es sólido dentro de lo pequeño que es”.
Fuente: Laura Zulián - Diario Los Andes
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