La Vendimia tiene que ser sólo una fiesta Imprimir E-Mail
02 de marzo de 2011 18:29
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La Fiesta Nacional de la vendimia, la celebración grande de Mendoza, es el reconocimiento al trabajo del hombre y a los frutos de la tierra, además de un homenaje a la mujer mendocina. Ella no puede ser opacada por actitudes políticas o sectoriales que busquen aprovecharla.

Fuente: Los Andes

El hecho de que esta Fiesta Nacional de la Vendimia coincida con un año electoral obliga a que tanto funcionarios como dirigentes comprendan que se trata de una festividad muy cara al sentimiento de los mendocinos y que no debe ser teñida por cualquier tipo de actividad sectorial o política ajena al verdadero sentido de la celebración.

La Vendimia es la fiesta del trabajo y del agradecimiento a Dios por los frutos recibidos. Es un homenaje a la gente del campo, al obrero de viña y al productor que enfrentan estoicamente las inclemencias climáticas, que sufren por las heladas tardías o por las tormentas graniceras, que en un solo día suelen llevarse el trabajo de todo un año. También es un reconocimiento a la belleza de la mujer mendocina, el que se refleja en el entusiasmo con que la gente recibe el resultado de la elección, cualquiera sea la soberana que resulte electa y el departamento al que represente.

Por lo tanto, esta fiesta máxima del pueblo mendocino debe evitar cualquier tipo de politización, ya sea desde el plano electoral como en el de los reclamos sectoriales. Resultaría penoso y rechazable si esas pautas de respeto no se cumplen.

Es muy factible, porque así ha ocurrido año tras año y profundizado durante los años electorales, que la provincia reciba la visita de potenciales candidatos a la Nación y a las provincias. Es lógico y aceptable que así suceda porque todos ellos intentan aprovechar la trascendencia que tiene la Fiesta. Pero también es esperable que cada uno de ellos actúe sin entorpecer u opacar el sentido de la festividad.

Un antecedente a tener en cuenta es lo sucedido días pasados en la Fiesta Nacional del Sol, oportunidad en que se “desinvitó” a algunas figuras que otros años habían sido agasajadas por no ser hoy afines al gobierno nacional.

El otro plano a considerar es el de los reclamos sectoriales. En años anteriores, la máxima festividad fue utilizada por algunos sectores de la vitivinicultura para reclamar por el precio de la uva o del vino (el más recordado fue aquella manifestación transportando un cajón de muerto cubierto con uvas), hecho que dio trascendencia nacional a un problema estrictamente local y que fue aprovechado económica y políticamente por quienes lo impulsaron.

También lo utilizaron gremios estatales o de docentes para sus reclamos y ahora está pendiendo como una Espada de Damocles la amenaza de los ambientalistas, que aseguran que marcharán y hasta intentarán entorpecer el Carrusel. Una situación que ya habían adoptado hace dos años, cuando criticaron con pancartas a un gobernador vecino que había viajado invitado para la fiesta, descalificándolo por la política minera que aplica en su provincia.

La Vendimia -como el Cerro de la Gloria o el Aconcagua- es un hito que goza del cariño y de la veneración de los mendocinos. Los productores, los hombres de campo, los bodegueros, las jóvenes que se suman a la Fiesta aportando su belleza y los mendocinos en general exigen que se respete una festividad que es suya y no aceptan que sea empañada por acciones y actitudes de grupos minúsculos de funcionarios, de políticos o de dirigentes sectoriales que intenten aprovechar el momento para sacar rédito en su propio beneficio. 

Fuente: Diario Los Andes 

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