| Una velada de lujo en el Aeropuerto |
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A las 21, Ligia Amado dirigirá a la Filarmónica, en la 9° edición de la Fiesta de la cosecha. Junto a las vides del Aeropuerto estarán también consagrados músicos cuyanos.
Fuente: Los Andes Es una de las más sobresalientes batutas sudamericanas y se destaca en el mundo por su exigencia artística, su carisma y sus vibrantes actuaciones. Actualmente a cargo de la dirección de la Orquesta Filarmónica de la Provincia, será la estrella fulgurante que guiará a los más de ochenta músicos que actuarán en la Fiesta Provincial de la Cosecha, que tendrá lugar esta noche en los viñedos de entrada al aeropuerto Francisco Gabrielli. Un espectáculo que promete brillar por su calidad musical y artística y por la exquisita selección de melodías de compositores latinoamericanos. -¿Cómo será la fiesta de esta noche? -Creo que va a ser maravillosa. Los músicos solistas que nos acompañan son extraordinarios y además la orquesta va a interpretar varias obras latinoamericanas en calidad de estreno. Como “El candombe del recreo”, de Polo Martí, especialmente compuesta para este concierto y en la que una gran comparsa de tambores fusionará la tradición africana, el candombe y la murga rioplatense con los instrumentos de la orquesta. Otro estreno absoluto es “Aquarela de sambas”. del director artístico de la Orquesta Jazz Sinfónica de San Pablo, el maestro Cyro Pereira. Esta obra se ejecutará aquí por primera vez en la Argentina y en ella se suma a la orquesta una batería especial de percusión brasileña para reflejar todos los estados anímicos de la samba. También habrá una banda de sikuris que se ensamblará con la orquesta en el “Canto a Guayasamín”, otra pieza del gran Polo Martí. -¿Todo el espectáculo será con música popular latinoamericana? -Sí. Ya desde el título se anticipa (“Nuestro vino, nuestra América”). La orquesta va a recorrer los ritmos y colores de América Latina, mientras que la segunda parte estará dedicada a Cuyo con artistas de primer nivel. Hacia el final nos reunimos todos, con el Ensamble Cuyanazo, en algunos temas con arreglos sinfónicos de Polo Martí. Él es el coordinador musical de todo el espectáculo, lo que desde ya es una garantía. En fin, me parece que el público mendocino va a vivir algo único. -¿Cuándo empezaron a idear la presentación? -En noviembre. Primero surgió la idea de hacer un recorrido musical que no se quedara sólo en la Argentina sino que abarcara también varios países de Latinoamérica. La combinación de la música sinfónica con la música folclórica de cada pueblo es uno de los principios de unidad que quisimos lograr. Todas las instancias culturales y sociales unidas en esta fiesta. Por eso ha sido tan importante el papel desempeñado por Polo, que desde hace años viene trabajando en esto de convertir al lenguaje sinfónico muchas canciones que, de otro modo, tal vez estarían perdidas. Entonces hoy, gracias a su empeño, tenemos una serie de arreglos que elevan a la orquesta y sedimentan una nueva tradición dentro de la música que quizás otras generaciones podrán clasificar mejor que nosotros. -¿Qué otras disciplinas disfruta usted, además de la música y la dirección orquestal? -Amo las artes plásticas. En este momento estoy tratando de estudiarlas más a fondo. Amo también hacer jardinería, trabajar con la tierra y las plantas; me encanta el cine, disfruto la buena literatura. Creo que no podría vivir sin el arte. -Pero usted estudió ingeniería antes de dedicarse a la música... -Sí, pero la ingeniería era un espacio muy árido para mí. No podía soportar una vida en una oficina o entre máquinas. -¿Ejerció en algún momento esa profesión? -Sí, claro que sí. Hice pasantías y hasta trabajé en fábricas. -¿Cómo fue entonces su acercamiento a la música? -Pedí estudiar música cuando tenía cinco años. Comencé con el piano, pero en mi familia -y en todas las familias brasileñas de mi clase- no estaba muy bien vista la música como profesión. Uno tenía que ser médico, ingeniero o abogado y no quedaba otra, sólo estaban estas tres posibilidades. Hoy hay muchas otras opciones. Como yo también adoraba las matemáticas, la física y las ciencias exactas ingrese dentro de esas opciones en Ingeniería. Pero cuando cursé la carrera empecé a sentir que me faltaba lo fundamental, que me sentía vacía. Por eso un día, por casualidad, entré en un coro de la universidad de San Pablo. -¿Y ahí se produjo el click? -En cuanto llegué la directora del coro me hizo un test de canto y, como yo sabía piano, me aprovechó mucho dentro del coro. En menos de una semana ya tenía una actividad inmensa, semiprofesional y me descubrí una capacidad que jamás hubiese pensado tener. Esto ocurrió durante mi tercer año de cursado en ingeniería. Desde entonces decidí continuar con la música y me fui formando con profesores particulares en paralelo a mis estudios técnicos de ingeniería. Mi idea era poder ingresar en la Facultad de Música, pero para ello tuve que esperar a graduarme. -¿Entonces comenzó a estudiar Música? -Empecé de cero en la Facultad de Música. Pero como ya estaba independizada de mis padres tuve que trabajar y estudiar al mismo tiempo. No tenía nada de plata y me fue muy difícil. Mi madre me apoyaba, pero mi padre no estaba muy convencido. Entonces para poder mantenerme daba clases particulares. De Química, de Física, de Matemática. Con el sueldo que ganaba sólo me alcanzaba para comer y pagar la facultad, así es que tuve que vivir en una pensión de monjas. -¿Y no pensó en volver a vivir con sus padres? -Mi familia siempre fue de muy bajos recursos. Provengo de una familia brasileña de clase media baja. Mis padres me dieron todo, pero con mucha lucha. De chica nunca tuve la oportunidad de conocer un teatro. Pude conocer uno después de los dieciocho años. Cuando ingresé por primera vez me emocioné tanto que nunca pude olvidarme de esa sensación. Desde aquel día me decidí y me dije a mi misma: “yo quiero estar en este medio, aunque sea la que tenga que barrer el piso, no me importa, yo quiero estar dentro de un teatro, quiero vivir de esto”. -¿Cómo se produjo, entonces, el despegue de su carrera? -Tuve una carrera muy pausada, no empecé de arriba, comencé con pequeñas orquestas juveniles, después como asistente de una orquesta profesional y, finalmente, llegué a ser directora, todo paso a paso. Cuando ya era profesional juntaba toda la plata de un año para hacer cursos y seguir perfeccionándome en el exterior. Así fue como hice muchos cursos en Europa. Invertí durante mucho tiempo en esto y nunca tuve ninguna ayuda gubernamental. -¿Y su vida sentimental? -Actualmente tengo pareja; es un escritor, pero prefiero reservarme su nombre. Tuve muchos amores (se ríe). Digamos que siempre me interesaron los hombres relacionados con el arte, con cierto vuelo, con una visión más amplia de la vida. No me veo con tipos serios y convencionales. Y nunca sentí que vivir en un lugar o en otro me limitara la vida sentimental; al contrario. creo que he tenido una vida emocional muy rica. Ahora si tú me preguntas si tengo una vida formal, tengo que contestarte que no la tengo, ni me interesa, ésa es la verdad. Admiro, respeto y creo que es una muy linda opción para quien tiene la vocación, pero a mí me gusta conocer el mundo, vivenciar profundamente el arte y tener las emociones más fuertes. No me interesa la vida cotidiana con sus rutinas de trabajo. -¿Qué música escucha? -Amo la música popular brasileña. Aquí en la Argentina soy una fanática del tango, del tango viejo y de las nuevas tendencias, pasando por Piazzolla hasta el tango electrónico. No conozco mucho de rock. En mi adolescencia lo escuchaba, pero no me aboqué a ese estilo. -¿Le ha sido difícil dirigir orquestas siendo mujer? -Sí, sobre todo en mis comienzos. En la actualidad no tengo demasiados problemas, aunque veo a muchas mujeres que sí tienen dificultades. Falta espacio, todavía, para las mujeres. -¿Qué balance hace de su gestión en la Filarmónica mendocina? -Creo que ha habido un cambio, Mi intención ha sido posicionar a la Filarmónica donde debe estar, que sea valorada como se merece, porque quizá no ha sido valorada con el debido respeto, importancia y divulgación, acceso a la sociedad y democratización que debería tener a esta altura. -¿A qué se refiere con esto último? -Yo estoy convencida de que la música clásica, sin menospreciar a otros géneros, le permite a la gente el acceso a una vida distinta. He tenido alumnos que eran de las favelas y que lograron transformar sus vidas después de un tiempo de convivencia con otros músicos. Porque con la música ellos pudieron ver el mundo y la vida con otros ojos. Cuando un chico descubre a un compositor del Renacimiento, de repente el mundo no se limita más a la madre o al padre borracho, el mundo se transforma en otra cosa, con posibilidades, con belleza y esperanza. Creo profundamente en el poder transformador del arte, es el arma más fuerte para cambiar la sociedad. Y la música, como cualquier arte, tiene que ser democratizada. No es cierto que a la gente de baja condición social no le guste la música clásica. -¿Qué piensa de las políticas culturales en torno a la democratización del arte? -Creo que los políticos deberían promover la música clásica en los barrios más pobres, en las iglesias y en los centros comunitarios. Estoy segura de que se llenarían las salas. También en las escuelas. Pero quizá lo que digo es utópico, porque educar a la gente es lo que menos les interesa a los políticos. Cuanto más ignorante sea la gente, más se perpetúan los políticos en el poder. -Finalmente, usted que ha vivido tanto entre nosotros, ¿qué siente por Mendoza? -Forma parte de mi corazón. Desde que fui invitada para dirigir la Sinfónica de la Universidad de Cuyo, nunca más puede abandonar este lugar. Hace catorce años que la incluyo dentro de mis propuestas de trabajo y además tengo muchos amigos. Aunque no dirigiera elegiría Mendoza como lugar de visita cinco o seis veces al año. Fuente: Los Andes |
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